Migas
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Biografía Mayor General Alberto Pauwels Rodríguez
Nació en el barrio la Candelaria de Bogotá en 1916. Históricamente, le correspondió la transición entre la aviación heroica y la moderna. Estudios realizados en las Escuelas Militares de Bogotá y Cali, y posteriormente, en el exterior, sumados a sus cualidades innatas, hicieron de él destacado profesional e indiscutible líder. Ascendió al grado de Subteniente en 1935. Recibió las alas de piloto en 1937. En 1953, con sólo 37 años de edad, fue designado Comandante de la Fuerza Aérea, con el grado de Teniente Coronel.
Durante su comando y contando con el incondicional apoyo del Presidente de la República, general Gustavo Rojas Pinilla, se importaron los primeros aviones Jet para la Fuerza Aérea. Fue creada la Escuela de Helicópteros de Melgar. Se fundó la Corporación de la Industria Aeronáutica, con la intención de que en el futuro Colombia fabricará aviones. Nació Satena, la empresa aérea del Estado que iría a cumplir una valiosa función social en beneficio de las regiones de limitado desarrollo y aisladas de los centros neurálgicos del país. La Escuela Militar de Aviación fue dotada con cuarenta aviones T-34 para entrenamiento de los cadetes.
Un significativo número de oficiales subalternos, suboficiales y cadetes fue enviado al exterior para recibir entrenamiento de vuelo y técnico. Se comisionaron oficiales superiores a la Universidad del Aire en los Estados Unidos, con el propósito de prepararlos para ejercer cargos de Comando y de Estado Mayor.
Su período al frente de la Fuerza Aérea Colombiana se ha calificado en la Institución como “Época Dorada”, no solamente por el progreso evidente logrado en el ámbito operativo, técnico, intelectual y científico, sino porque se percibió en los miembros de la Fuerza un espíritu nuevo, producto de su mentalidad renovadora.
Se recuerda con respeto y afecto, el carisma que irradia su figura siempre alegre y jovial; también su fórmula para ejercer el mando de manera exigente, humana y justa. La situación de la gente bajo su cargo y dirección, fue en todo momento motivo de máxima preocupación, una constante en su vida.
Varias “marcas” difíciles de superar figuran en su hoja de servicios de la Nación:
Permanencia: Dirigió el poder aéreo de Colombia durante catorce años, nueve como Comandante de la Fuerza Aérea y cinco al frente de la Aeronáutica Civil.
Desprendimiento: No se conoce otro caso en que un colombiano haya rehusado ser Presidente de la República. El general Rojas Pinilla lo postuló para integrar la Junta de Gobierno en 1957. Con su habitual sencillez, rasgo sobresaliente de su personalidad, respondió que “ese cargo no le correspondía”.
Mística Institucional: Desde su retiro del servicio activo hace más de 40 años, y sus 89 años de edad, nunca ha dejado de interesarse por la suerte de la Institución.
Reconocimiento a su obra: Ningún miembro de la Fuerza Aérea ha recibido en vida el altísimo honor que una de las unidades institucionales lleve su nombre. Su figura esculpida en mármol eterno, preside las instalaciones del Comando Aéreo de Combate con sede en Barranquilla, cuna de la aviación y su nombre escrito en relieve, le recuerda a Colombia a uno de sus hijos excepcionales.
Un significativo número de oficiales subalternos, suboficiales y cadetes fue enviado al exterior para recibir entrenamiento de vuelo y técnico. Se comisionaron oficiales superiores a la Universidad del Aire en los Estados Unidos, con el propósito de prepararlos para ejercer cargos de Comando y de Estado Mayor.
Su período al frente de la Fuerza Aérea Colombiana se ha calificado en la Institución como “Época Dorada”, no solamente por el progreso evidente logrado en el ámbito operativo, técnico, intelectual y científico, sino porque se percibió en los miembros de la Fuerza un espíritu nuevo, producto de su mentalidad renovadora.
Se recuerda con respeto y afecto, el carisma que irradia su figura siempre alegre y jovial; también su fórmula para ejercer el mando de manera exigente, humana y justa. La situación de la gente bajo su cargo y dirección, fue en todo momento motivo de máxima preocupación, una constante en su vida.
Varias “marcas” difíciles de superar figuran en su hoja de servicios de la Nación:
Permanencia: Dirigió el poder aéreo de Colombia durante catorce años, nueve como Comandante de la Fuerza Aérea y cinco al frente de la Aeronáutica Civil.
Desprendimiento: No se conoce otro caso en que un colombiano haya rehusado ser Presidente de la República. El general Rojas Pinilla lo postuló para integrar la Junta de Gobierno en 1957. Con su habitual sencillez, rasgo sobresaliente de su personalidad, respondió que “ese cargo no le correspondía”.
Mística Institucional: Desde su retiro del servicio activo hace más de 40 años, y sus 89 años de edad, nunca ha dejado de interesarse por la suerte de la Institución.
Reconocimiento a su obra: Ningún miembro de la Fuerza Aérea ha recibido en vida el altísimo honor que una de las unidades institucionales lleve su nombre. Su figura esculpida en mármol eterno, preside las instalaciones del Comando Aéreo de Combate con sede en Barranquilla, cuna de la aviación y su nombre escrito en relieve, le recuerda a Colombia a uno de sus hijos excepcionales.































