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Bienes Culturales

Haciendo abstracción de su origen y de su propietario, el derecho internacional designa con esta expresión los bienes muebles o inmuebles que constituyen el patrimonio cultural de la humanidad y a cuya formación contribuye cada pueblo. Dada su importancia para todos los pueblos del mundo, el derecho internacional busca garantizar la protección de estos bienes en caso de conflicto armado.
Los bienes culturales son los siguientes: los monumentos históricos, las obras de arte, los edificios y lugares de culto, los campos arqueológicos, los museos, los depósitos, las bibliotecas, los archivos, las colecciones científicas, etc. Deben ser respetados y salvaguardados contra los efectos previsibles de un conflicto armado y no se deben utilizar con fines que pudieran exponerlos a su destrucción o deterioro; no deben ser objeto de actos de hostilidad y pillaje, de robo, de apropiación indebida o de vandalismo. La protección, que se extiende al transporte de los bienes culturales muebles, puede ser especial (bienes de gran importancia) o sencilla. Por lo que atañe a las obligaciones de su protección, sólo se admiten excepciones en el caso en que lo exija una necesidad militar: de manera imperativa (protección sencilla); de manera ineluctable (protección especial). En este último caso, la decisión compete al comandante de una formación igual o superior a una división. Están prohibidas las represalias contra los bienes culturales. Se debe colocar un signo distintivo sobre los bienes culturales. (cf. H CP; GP I, art. 53; GP II, art. 16). Puede ser de utilidad comparar la noción de bienes culturales citada más arriba con la que se define en la Convención de París del 14 de noviembre de 1970, sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales. (V. también UNESCO).