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La Fuerza Aérea Colombiana en Operaciones Conjuntas

Como un aporte a la Política de Seguridad Democrática impartida por el señor Presidente de la República y con motivo de la celebración de los 87 años de la Fuerza Aérea Colombiana se resumen las experiencias operativas vividas por Oficiales Generales de la Institución en la región Sur de nuestra querida Colombia.

El siguiente escrito es una narración de las actividades adelantadas por dos señores Generales de la Fuerza Aérea Colombiana en cumplimiento de la activación temporal en el Sur del país, de dos “Unidades Conjuntas” creadas, siguiendo las políticas y directrices presidenciales en el 2003.
Se trata de la creación de la Sexta División Conjunta con sede en Tres Esquinas, Caquetá, al mando del señor Mayor General Jorge Ballesteros Rodríguez (para la época) hoy General Comandante de la Institución, y la Brigada de Selva Conjunta No. 26 con sede en Leticia, Amazonas, al mando del señor Brigadier General Ricardo Rubianogroot Román, hoy en día Mayor General Jefe de Operaciones Logísticas Aeronáuticas.

Se les dio una tarea castrense, nunca antes asignada a Oficiales de la Fuerza Aérea, todo un reto, un reto sin precedentes en la historia de las Fuerzas Militares de Colombia, nunca en ocasión anterior se había entregado dicha responsabilidad ni de tal magnitud, a Oficial diferente a un integrante de nuestro Ejército Nacional.

Para acometer esa gran responsabilidad en la que estaba centrada la atención de la alta oficialidad de las Fuerzas Militares, del Ministerio de Defensa Nacional y de la misma Presidencia de la República, los dos señores Generales tuvieron que prepararse, actualizarse en las diferentes estrategias y tácticas que no eran de su manejo, ni correspondían a la doctrina propia de los Oficiales de la Institución Militar Aérea, deberían mostrar toda su preparación, iniciativa y la capacidad de adaptación a un trabajo que aunque militar, no era de conocimiento pleno ni de actividad cotidiana al interior de la Fuerza Aérea.


La misión de la Brigada Conjunta de Selva No. 26 consistía en conducir operaciones para mantener el orden y la paz en la jurisdicción asignada que, para este caso, era una gran porción del departamento del Amazonas y el municipio de Tararía, en el departamento del Vaupés, de la misma manera, adelantar operaciones de cobertura y de defensa de la soberanía al tener la responsabilidad de cubrir dos grandes fronteras de los vecinos países de Perú y Brasil, igualmente, correspondía contribuir con otras entidades del Estado a realizar planes de desarrollo en esa gran región y procurar su efectiva incorporación a la vida económica y social del país. 
Se realizó un número significativo de Operaciones, algunas tuvieron éxitos y dieron satisfacción personal y profesional, de la misma forma, algunas no cumplieron plenamente el objetivo, por lo tanto, trajeron sinsabores pero lo más importante es que dejaron enseñanzas y análisis profundos para recapitular y superar los escollos y errores cometidos. La estrategia seguida fue la de hacer un análisis de la situación de la jurisdicción asignada, Enemigo, Tiempo y Terreno, analizar y definir varios interrogantes: ¿Cuál era la situación de las tropas que componían la División y la Brigada? ¿Dispositivo y características del terreno? ¿Enemigo a combatir, capacidades y composición, forma de operar, y sistema de movilización? Se hizo un profundo análisis de estos temas con énfasis en el terreno y la forma de movilizarse en esa extensa y agreste jurisdicción, se determinó que para ampliar y alargar las líneas de comunicación y abastecimientos se debería emplear en forma acertada el principal y tal vez único medio de comunicación de ese pulmón colombiano: los ríos, ellos eran vitales para realizar un positivo y real control de la jurisdicción.


Posteriormente, me ocuparé con mayor detenimiento de este importante aspecto operativo. Después de conocer otros temas y los ya enumerados, se dio inicio a las operaciones en las que se debería comprobar el verdadero entrenamiento, capacidad y la integración de las Fuerzas asignadas para adelantar Operaciones Conjuntas y las reales capacidades de trabajo basado en el conocimiento de las características de cada Fuerza Militar, la compatibilidad de los equipos y las comunicaciones para lograr la correcta integración de hombres, comprensión de las doctrinas particulares e inmodificables de cada institución y del equipo empleado por cada una de ellas.

En los primeros meses de 2003, se realizó con la Brigada Conjunta No. 26 en Leticia, la primera Operación Conjunta, denominada “Operación Mercurio”, la que buscó conocer las reales capacidades de cada institución militar, la compatibilidad de equipos especialmente de comunicaciones y lograr el despliegue de Unidades en una vasta región amazónica en el imponente y majestuoso río Amazonas. Se pudo evidenciar que habían aspectos administrativos y operativos que no eran compatibles, que debían ser ajustados y era necesario realizar más entrenamiento para alcanzar la coordinación y el entendimiento, es decir, el nivel deseado. A partir de ese momento, se continuó con entrenamiento intenso y poco a poco se logró una excelente coordinación y la sinergia de las Unidades Militares del área: por el Ejército, el Batallón de Contraguerrilla No. 74, el Batallón de Selva No. 26 y el Batallón de Apoyo de Servicios para el Combate; por la Armada Nacional, el Guardacostas del Amazonas, y por la Fuerza Aérea un Componente Aéreo, importante grupo humano con la responsabilidad de operar y mantener un avión Caraván, y la operación del radar de tipo TPS 70, que cubre el área amazónica, el sector fronterizo de Perú y Brasil.


En esta Operación se desplegaron tropas del Ejército a bordo de dos embarcaciones de la Armada del tipo PRF, escoltadas por otras dos del tipo “Delfín”, entre tanto, el avión Caraván C-208 de la Fuerza Aérea Colombiana realizaba la avanzada, el reconocimiento previo, cubrimiento y “sombrilla” de este Componente Conjunto que navegaba por el río Amazonas y sus afluentes inmediatos en el sector colombiano; las tropas del Ejército desembarcaban y efectuaban patrullajes, presencia y control de área. En esta Operación inicial se probaron las comunicaciones y su compatibilidad, se revisó la doctrina y modus operandi de cada Fuerza y se evidenciaron fortalezas y debilidades que permitieron reforzar unas y revaluar otras.

Posteriormente, se rompió el paradigma que aseveraba que en la selva era imposible caminar y orientarse en forma apropiada y confiable; se contrataron unos guías de la región que entrenaron e informaron la manera de subsistir, mantenerse en buena forma y asimilar el medio ambiente. Estas personas de origen indígena instruyeron a las tropas del Ejército en cómo movilizarse adecuadamente y adaptarse a las inclemencias de la selva: mosquitos, fauna y flora salvaje, para sacar ventaja de la topografía y la vegetación de la región. Las tropas realizaron un movimiento terrestre desde Puerto Nariño en la rivera del río Amazonas hasta la Base Militar de Tarapacá en el río Putumayo. Fuero largas jornadas y un recorrido de un poco más de 100 kilómetros, cruzando lo ríos Amacayacú y Cotue, históricos desde el Conflicto Colombo Peruano, llegando a la frontera con el Brasil. Al final, se logró una identificación con el medio ambiente y se determinó que las líneas de comunicación y abastecimientos aunque se alargaban, se podían mantener controladas, y lo más importante que la tropa se podía movilizar en forma adecuada y confiable en la agreste y tupida selva amazónica.
Se revisó el dispositivo para la época y se determinó que era pobre e inadecuado pues sólo cubría una pequeña parte de la gran porción que se tenía asignada y con éste era imposible ejercer un positivo control. Se tenían unas Bases de Patrullaje en las localidades de Puerto Nariño, sobre el río Amazonas, Tarapacá en el Putumayo y fronteriza con el Perú, La Pedrera sobre el río Caquetá y fronteriza con el Brasil, y el puesto de mando principal en Leticia a orillas del río Amazonas.


Desde ese preciso momento, muy temprano en el Comando de esa Unidad Operativa Menor, la Brigada se impuso como reto: ampliar la presencia positiva con un mayor cubrimiento y con despliegue de tropas. 
Con el análisis que se enfatizó al inicio de este escrito y con una revisión detallada del mapa de la jurisdicción, se encontró vital el empleo de los ríos como medio principal de movilización y herramienta fundamental para abastecer las tropas y lograr su despliegue. Se pudo apreciar que la naturaleza y la disposición dada por el Creador ubicaron los ríos de tal manera que se podía unir la jurisdicción por las arterias fluviales principales y sus afluentes, de Norte a Sur se observa su particular disposición y su cubrimiento, nacen ríos nombrados por la cultura indígena que son históricos como el Apaporis, Mirití, Paraná, Caquetá, Cahuinarí, Igara Paraná, San Bernardo, Putumayo, Cotuhé, Amacayacú y Amazonas. Este análisis permitió determinar Áreas Críticas, en las que se debía colocar el mayor interés y todo el esfuerzo… “El esfuerzo principal”.
Los días corrían y el conocimiento del área se acrecentaba, las capacidades de la tropa y la confianza en el entorno llegó a un punto especial, se realizaron varias operaciones entre las que se destacan: “Caimán”, “Atila”, “Mercurio”, “Jitoma”, “Capricornio”, “Árbol de la Guerra” y “Amacayacú”, por lo tanto, se decidió lanzar la que se considera la Operación más importante del Comando adelantado por estos dos señores Generales de la Fuerza Aérea Colombiana y que arrojó resultados valiosos, por ello, ahora comentaré la operación “estrella” de la sexta División Conjunta y de la Brigada Conjunta de Selva No. 26: “Operación Amazonas”, que por su éxito dio origen a la “Operación Amazonas II”.


La Operación Amazonas se planeó con detenimiento y profesionalismo, se consultaron los Manuales de Operaciones Conjuntas, se realizaron los planes logísticos y el plan de movimientos de las Fuerzas comprometidas y la utilización de los recursos del área entre los que se destaca, cómo los moradores de la región realizaban sus movimientos de abastecimientos. Se realizó un planeamiento previo en la sede de la Fuerza Naval del Sur bajo el acertado mando del señor Capitán de Navío Nelson Troncoso, Oficial capaz, dispuesto y con un entendimiento claro de las “Operaciones Conjuntas”, lo que llevó a realizar un entrenamiento previo con las técnicas navales, y para la operación acertada en los ríos a bordo de Unidades de nuestra profesional Armada, la Fuerza Aérea realizó los vuelos requeridos para desplazar el Batallón de Selva desde Leticia hasta la localidad de Puerto Leguízamo. Con anterioridad se dispuso la de Unidades de nuestra profesional Armada, la Fuerza Aérea realizó los vuelos requeridos para desplazar el Batallón de Selva desde Leticia hasta la localidad de Puerto Leguízamo. Con anterioridad se dispuso la instalación de estaciones repetidoras de comunicaciones en los puntos más altos de la jurisdicción: los cerros Yupaty (La Pedrera) y del Tanque (Tarapacá), era imprescindible garantizar comunicaciones acertadas y confiables. Después de un entrenamiento fuerte e intenso las tropas se capacitaron y se prepararon física y sicológicamente. 

El concepto de la Operación consistió en movilizarse por el río Putumayo aguas abajo hacia la localidad de Puerto Arica, área de la jurisdicción dominada por el enemigo, el autodenominado “Frente Amazónico” al mando de Isaías Perdomo y del legendario guerrillero alias ”Tiberio”, para hacer un desembarque de las tropas y retomar el control de esa localidad. 


Simultáneamente, desde la Base Militar de La Pedrera, las tropas se desplazaron para hacer un cierre en la “Isla de los Ingleses” lugar donde desemboca el río “Cahuinarí”, sitio donde probablemente el enemigo se replegaría ante la arremetida de las tropas conjuntas, en mayoría para esa fase de la operación, del Ejército que ejercían presión sobre Puerto Arica. De la misma forma. se coordinó con el Ejército Peruano, gracias a la excelente relación que aún hoy persiste entre los comandantes de la región del Estado de Loreto en el Perú, señor Vicealmirante Eduardo Tarcourt Adrianzen, señor General de Brigada del Ejército Peruano Pelayo Bonilla Guerrero y señor Mayor General de la Fuerza Aérea del Perú Carlos Eduardo Samame Quiñones. También era probable que el enemigo decidiera refugiarse en territorio peruano como suelen hacerlo con frecuencia y regularidad en las diferentes fronteras que tiene nuestro país, allí se aplicó el concepto de “Operaciones Combinadas”, la cooperación fue absoluta y total, la planeación se realizó desde Iquitos y Leticia, previa autorización de Lima y Bogotá con asistencia de los jefes militares de los dos países; se asignaron Oficiales colombianos para trabajar en Iquitos, y peruanos para trabajar en Leticia, la inteligencia binacional aunó esfuerzos, la sinergia fue total, Perú realizó patrullajes intensos por aire, ríos y tierra, siempre existió una excelente comunicación y coordinación. 

Para llevar a cabo esa exitosa operación se emplearon en forma alterna tres cañoneras de la Armada Colombiana: la ARC Leticia, ARC Arauca y ARC Riohacha, desde ellas se realizó la importante misión de “Mando y Control” de las Operaciones, dos unidades tipo PRF, y dos componentes denominados Pirañas, tropas del Batallón No. 50 y del Batallón de Contraguerrillas No. 74 de nuestro Ejército Nacional, bajo el excelente comando del Jefe de Estado Mayor de la Brigada de Selva No. 26 Coronel del Ejército Eduardo Murillo, Oficial profesional, brillante y dedicado. En forma constante la Fuerza Aérea Colombiana ejerció cubrimiento con sus aeronaves para garantizar comunicaciones, abastecimientos y reconocimiento. Por primera vez en la historia nacional se movilizó desde Barranquilla y operó desde Leticia un escuadrón de aviones A-37 con personal y equipo, pilotos expertos y apoyo de tierra que fue transportado en aviones C-130 Hércules. Las aeronaves sobrevolaron el área de operaciones, destruyeron pistas ilegales, clandestinas y ametrallaron campamentos de la guerrilla, se ejerció un control aéreo coordinado con el radar colombiano en Leticia y el peruano en Iquitos, esta fase de la operación se denominó “Pirarucú” en homenaje al pez que caracteriza al rio Amazonas. En variadas oportunidades se realizó entrega de abastecimientos desde el aire dada la mala infraestructura de las pistas del gran departamento del Amazonas. La misión debería cumplirse con iniciativa y con los recursos existentes, en todo caso, siempre mediaba la “seguridad”, era imperativo asegurar las líneas de abastecimientos y comunicaciones pues día a día ante el avance de las tropas se alargaban, la Operación debía continuar y cumplir su cometido.

La Operación dio como resultado las rimeras “bajas” del enemigo enquistado en la región por muchos años y que ejercía un control de todas las poblaciones ribereñas y de sus habitantes, se ejerció un control que persiste y se ha mejorado el “control de área” y de nuevo se restableció la autoridad legítimamente constituida, además la población de las fronteras peruanas hizo un reconocimiento en agradecimiento a la seguridad brindada y en diversas publicaciones los diarios peruanos dedicaron amplios artículos dando cuenta de la cobertura y control de las tropas colombianas sobre esta frontera binacional. Al final, entregamos una jurisdicción controlada y con el Frente Amazónico diezmado y erradicado del área. Se retomó el control de uno de los bastiones de la guerrilla en el Sur del país, la localidad de Araracuara del lado del departamento de Caquetá y Puerto Santander desde el sector del departamento del Amazonas. Se expulsó en forma definitiva la guerrilla que hacía presencia y autoridad en la hermosa localidad de La Chorrera. Se amplió la presencia militar y de las autoridades civiles en el departamento del Amazonas con la creación de bases fijas en las localidades de La Chorrera, Puerto Arica y Araracuara. Además, fueron mejoradas las bases de la Pedrera, Tarapacá y Puerto Nariño. Por primera vez en la historia, el Gobernador del departamento viajó a localidades donde nunca su presencia física se había dado, sus moradores reclamaban la presencia política para poder tener ese importante contacto de los gobernantes con la población civil, actualmente, los Internados Indígenas reciben sus “remesas” puntuales y sin falta. Se dio la seguridad para que la Aeronáutica Civil pavimentara la pista de la localidad de Tarapacá.

Se construyó el Fuerte “Amazonas II” recordando el Fuerte que existió en La Tagua, departamento del Putumayo, Fuerte que años atrás fue abandonado por políticas del mando, hoy en día, en estas nuevas instalaciones se entrenan los alumnos de la Escuela de Lanceros y se realizan cursos nacionales e internacionales. La jurisdicción es más tranquila, trabaja en su desarrollo y tiene presencia militar y civil y un futuro más promisorio. Esta región es un ejemplo de la Política de Seguridad Democrática, por el éxito de la Operación Amazonas se entregó la totalidad del departamento del Amazonas como nueva jurisdicción de la Brigada de Selva No. 26, fue importante entonces el paso de estos señores Generales de la Fuerza Aérea y el desarrollo del concepto de Operaciones Conjuntas.

Por Mayor General Ricardo Rubianogroot román