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Milicia, maternidad y educación

Fecha de Creación: 
10 de Mayo de 2020
Milicia, maternidad y educación

“Ver a mi hija amarrar sus botas y colgar las insignias en su uniforme azul me transporta 27 años atrás, cuando cargada de ilusiones un 20 de septiembre de 1993 llegué a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Colombiana para cumplir un sueño, el de ser Suboficial”

Así recuerda la Técnico Jefe Olga Lucía Martínez sus primeros días en la vida militar, la formación que recibió en el alma mater no solo la preparó para afrontar los retos profesionales que implicaba ser parte de las primeras mujeres que incursionaban en el medio castrense sino que además, le aportaría el carácter y la disciplina para ejercer el rol más exigente, el de ser mamá.

Una vez se escalafonó como Técnico Cuarto, primer grado en la carrera de Suboficial en ese tiempo, su primera destinación, fue al Comando Aéreo de Combate No. 3 en Malambo, Atlántico, lugar donde conoció al Técnico Tercero Cuspoca, con quien decidió formar una familia y conocer la maternidad a los 22 años.

Para ella, sus profesiones favoritas empiezan con M, porque ser militar y ser mamá son tareas que aún cuando no son fáciles resultan gratificantes, cargadas de sacrificio y muchas enseñanzas, pero todas positivas. “Admiro a las personas que son madres cabeza de hogar y militares, yo conté con la fortuna de compartir con un ser maravilloso que siempre ha estado a mi lado y es, mi esposo, él ha sido el cómplice en mi parte profesional y personal”.

Recuerda uno de los momentos más difíciles y fue, cuando tuvo que vivir el atentado a la Base Aérea el 17 de marzo de 2000 atribuido al ELN, en el que desde un barrio aledaño lanzaron cilindros y explosivos que destruyeron por completo su casa. Pese al temor y la destrucción, el sentimiento de solidaridad prevaleció entre los integrantes de la Unidad Militar dando la fortaleza para superar este amargo capítulo.

Hoy sus hijas Laura, Gabriela y Ángela, todas mayores de edad, la consideran un ejemplo a seguir, admiran esa mezcla de carácter y nobleza que reflejan sus palabras y sus actos, y que están presentes en cada momento y cada enseñanza. Una de ellas, Gabriela, optó por seguir sus pasos convirtiéndose en Oficial de la Fuerza Aérea Colombiana.

Luego de 16 años en la “arenosa”, la Fuerza Aérea la destinó a la Casa Militar de la Presidencia de la República, logrando destacarse por su mística y disciplina, desempeñándose en las áreas de protocolo y estadísticas, labor que cumplió la entrega y el profesionalismo que siempre la ha caracterizado.

Posteriormente, y con el ánimo de contribuir en los procesos de formación, y por solicitud propia fue designada a la Escuela de Suboficiales “Capitán Andrés M. Díaz” desde allí rescata valiosos aprendizajes, y anécdotas que le roban una sonrisa “recuerdo cuando participé en un triatlón, un competidor por equivocación tomó mi bicicleta, y mis hijas corrieron desesperadas detrás de él para que la devolviera”.

Para ella, llegar a ESUFA ha sido una experiencia nueva y enriquecedora en todos los campos, tanto personal como laboral, trabajar en educación le ha dejado ver lo exigente y fundamental que es en el desarrollo de la Institución y de la sociedad en general, por eso su máximo esfuerzo se concentra en ser ejemplo y propender por formar los mejores Suboficiales al servicio de Colombia.

Hoy, después de 27 años de una impecable carrera militar considera que ser mamá y al mismo tiempo trabajar en una Escuela de formación le dio la oportunidad de conocer cómo piensan los jóvenes, algo que la hace más cercana a las nuevas generaciones para entender e inculcar en ellos el sentido de pertenencia y la importancia de la vocación militar, un componente vital dentro de una profesión cuyo eje principal es el servicio hacia los demás.

Autor: 
Oficina de Comunicación Pública ESUFA
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