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Nacimiento de la Fotografía Aérea en Colombia

Fecha de Creación: 
22 de Enero de 2020
Artículo destacado en la Edición 295 de la Revista Aeronáutica, publicación oficial de la Fuerza Aérea Colombiana.
Nacimiento de la Fotografía Aérea en Colombia

Artículo destacado en la Edición 295 de la Revista Aeronáutica, publicación oficial de la Fuerza Aérea Colombiana.

En 1920, el anuncio que en Colombia se abriría el primer laboratorio de fotografía aérea, tomó por sorpresa a muchas personas, que no creían –a pesar de verlos volar- que un avión pudiera mantenerse en el aire más de tres minutos. Para ese momento, en lo referente a vuelos aéreos en el país, habían ocurrido varios primeros vuelos, como el realizado por George Schmitt en Santa Marta el 9 de diciembre de 1912 o el de William Knox Martin en junio de 1919 en Barranquilla y el 7 de agosto del mismo año, cuando el piloto americano efectuó un espectáculo aparatoso sobre el Puente de Boyacá.

Aun así, la incredulidad aumentaba en quienes eran testigos oculares que los aviones además de volar podían transportar pasajeros y fue mayor cuando se dijo que se montaría un laboratorio de fotografía aérea con aparatos diseñados para estos menesteres. Sin embargo, no todos pensaban igual, otros aseguraban que la aviación traía vientos nuevos y soluciones a problemas que se habían postergado por siglos.

La Compañía Colombo-Alemana de Transportes Aéreos, Scadta, no solo creó el laboratorio, también con gran habilidad generó la necesidad de que el gobierno los contratara. Sucedió de inmediato, ofertas para que, por primera vez se fotografiara desde el aire la frontera limítrofe entre Colombia y Venezuela; luego de hacerlo, se firmarían los convenios para finiquitar los pleitos que desde antes de la independencia estaban en la agenda política de las dos naciones.

La Sección Científica de la Scadta, como se conoció el laboratorio, comenzó a funcionar tomando durante 16 días de sobrevuelo en la frontera, 1.800 aerofotografías; en Bogotá “obtuvieron las copias para la formación de los mosaicos y mapas que actualmente se hallan en poder del gobierno central. Para todos sus trabajos de desarrollo, ampliación, rectificación y copias, la oficina científica contaba con dos buenas cámaras oscuras, con multitud de aparatos y elementos químicos en abundancia. El trabajo también incluía cartografía y un aparato para sacar copias de planos con ferroprusiato y ferrogálicos por medio de una potentísima lámpara eléctrica que bajaba y subía a lo largo de un cilindro de vidrio, que tenía de largo 1,66 m y de diámetro 1,10 m, en el que se colocaban el original y el papel preparado para impresionar. Con la luz de esta lámpara se podía trabajar independientemente del sol a cualquier hora del día, sin temor de que las lluvias o el mal tiempo impidieran la obtención de las copias”.

Las copias de los mapas y planos se sacaban con un proceso fotográfico denominado ferroprusiato, consistente en un papel sensibilizado con solución de citrato férrico y potasio que puede calcar un dibujo original a través del contacto directo en color azul intenso, destacándose el trazo.

Este y otros temas de la sección Historia Aeronáutica en nuestra publicación. Suscríbase en https://www.fac.mil.co/node/8675

Autor: 
Revista Aeronáutica - José Dionel Benítez Rodríguez
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