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Operación Habibi Colombia

Misión Humanitaria del 11 al 18 de agosto del 2006
Líbano, una Historia de Ocupaciones Históricamente, las tierras en las que hoy está ubicado el Líbano han sido ocupadas por distintos imperios y potencias, situación que no ha cambiado durante el siglo XXI. Antes de la Primera Guerra Mundial estuvo dominado por los turcos, desde 1922 quedó bajo el mandato francés y en 1944 logró su independencia. Su primer gobierno fue representativo de la población cristiana conservadora, aspecto determinante en el origen de los conflictos internos, ya que aproximadamente la mitad de la población era musulmana y se sentía excluida. A ello se sumó la cantidad de palestinos desplazados que se habían asentado en el Líbano desde la conformación del Estado de Israel en 1948, quienes se unieron al bloque de izquierda libanesa que se enfrentó con los falangistas en una guerra civil que duró 16 años, inició en 1975 cuando el presidente del Líbano pidió apoyo a Siria, país que intervino un año después, dejando una paz precaria entre musulmanes y cristianos.
En la actualidad, el cuadro político militar del Medio Oriente presenta otra perspectiva, teniendo en cuenta que desde principios de 2006 cuando el Movimiento de Resistencia Islámico Hamas salió vencedor en los comicios palestinos tras obtener mayoría absoluta con 76 escaños de un total de 132, generó inestabilidad por la conformación de una autoridad política en Palestina que desconoce a Israel, sumado a un fortalecimiento del Hezbolá en el Líbano. El 25 de junio, milicias palestinas secuestraron a un soldado israelí en un puesto militar fronterizo en la Franja de Gaza, dando inicio a la ocupación de esa zona, conflicto que luego se extendió al Líbano.
En Colombia, el gobierno nacional dispuso en agosto de 2006, que la Fuerza Aérea realizara una misión humanitaria para la repatriación de los ciudadanos colombianos afectados por el conflicto árabe-israelí. Nunca antes en la historia de nuestra Institución una aeronave militar se había desplazado más allá de tierras israelitas, desde la época en que los vuelos eran efectuados en aviones Hércules C-130 y Boeing B-707 por la necesidad de transportar repuestos y equipos especiales para mantener la flota de aviones Mirage M-5 y Kfir. Ahora, tendría otras connotaciones y características. Esta significativa misión, se constituyó en una de las más importantes que ha cumplido una tripulación de la Fuerza Aérea Colombiana.


El sábado 5 de agosto, recibí una llamada del señor Mayor General Julio Armando Guzmán Ríos, Jefe de Operaciones Aéreas, quien me dio las instrucciones para organizar un vuelo a Damasco en un Hércules C-130 H. Inmediatamente, contacté al señor Coronel Jorge Tadeo Borbón Fernández, Director de Operaciones Aéreas, le informé que se trataba de una misión de gran responsabilidad, y le recomendé que se comunicara con el señor Coronel Hugo Alberto Lugo Sánchez, Comandante del Comando Aéreo de Transporte Militar, CATAM, para que seleccionara una tripulación, de ser posible la más experimentada.
Afortunadamente, ese fin de semana el personal de la guarnición de Bogotá estaba acuartelado debido a los actos de posesión del segundo mandato del Presidente Álvaro Uribe Vélez, lo que facilitó reunir a 11 tripulantes en la Dirección de Operaciones Aéreas, DIOPE, para dedicarlos exclusivamente al planeamiento de la misión. Allí, comenzó un excelente trabajo en equipo que a la postre fue el eslabón fundamental para alcanzar el éxito.

El Planeamiento
Ese sábado en la tarde, se realizó la presentación inicial del planeamiento del vuelo ante el Jefe de Operaciones Aéreas, a quien se le solicitó que en la misión participara un médico especialista en medicina de aviación. Finalmente, se efectuó la presentación ante el señor General Edgar Alfonso Lésmez Abad, Comandante de la Fuerza Aérea, quien impartió instrucciones para continuar con el planeamiento. Se contó tan sólo con siete días para tramitar los permisos de sobrevuelo a 12 países, gestionar visas, viáticos, resoluciones y demás aspectos administrativos que demanda una comisión al exterior.


Se solicitó a CATAM la designación del señor Mayor Diego Ospina, tripulante del avión presidencial Boeing BBJ 737 para que diera instrucción a la tripulación que viajaría a Siria, sobre los procedimientos de un vuelo trasatlántico y en el Continente Europeo, dado que en mi condición de navegante era el único con experiencia en vuelos trasatlánticos.

Durante los días siguientes, se sostuvieron reuniones con funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa Nacional y la Cruz Roja Colombiana, para analizar y verificar los pormenores de la misión. Debido a los costos de la operación, el Ministerio de Defensa contempló la posibilidad de cancelar la misión y contratar a una compañía comercial de aviación pero finalmente se determinó que era más valiosa la defensa de la soberanía de un Estado.

Dos factores inquietaban a la ripulación: el idioma y el bienestar de los pasajeros y de la tripulación durante las 23 horas del vuelo de regreso con escalas en Zaragoza, España; Lajes, Islas Azores, y San Juan de Puerto Rico. Afortunadamente, se contó con el apoyo de la comunidad colombo libanesa, que designó al doctor Fernando Helo, médico ortopedista y traumatólogo, conocedor del ambiente y del idioma árabe, para que integrara la tripulación. El avión se adaptó con baños, sillas y camillas para el descanso.
La Cruz Roja Colombiana donó medicamentos, agua, frazadas y raciones de comida, por recomendación del médico de aviación, se escogieron los alimentos en especial para la tripulación pues no se quería correr el riesgo de una intoxicación.

Se planeó salir de Bogotá a San Juan de Puerto Rico, de allí a Lajes en las Azores y después a Zaragoza, España, donde se pernoctaría un día para luego aterrizar en Incerlink, Base Aérea de la OTAN en Turquía, cerca del área de extracción de los colombianos. Inicialmente, se había pensado volar hasta Damasco ya que, a pesar de estar geográficamente más cerca de Beirut, donde se reunirían los colombianos, era peligroso debido a los continuos ataques de la Fuerza Aérea Israelí a las carreteras y puentes, el trayecto que normalmente se realizaba en tres o cuatro horas, tardaría cerca de 18, por ello, se tomó la decisión de ubicar a los colombianos en el Aeropuerto Bassel Al Assad Int, de la ciudad de Latakia al Norte de Siria, zona más segura para el rescate.

El viernes 11 de agosto, el gobierno nacional dio luz verde a la misión y el Jefe de Operaciones Aéreas, en rueda de prensa, informó al país el objetivo e itinerario del vuelo. 

La Misión

La Fuerza Aérea alistó el avión Hércules C-130 de matrícula FAC 1004 y nombró dos tripulaciones para cubrir los trayectos. El viernes 11 de agosto, a las 4:30 de la tarde despegó de CATAM el 1004 al mando de la tripulación No. 1 con destino al aeropuerto internacional Luis Muñoz de San Juan de Puerto Rico, después de tres horas cuarenta y cinco minutos de vuelo en condiciones normales, aterrizó en la Base de la Air National Guard, donde se realizó el tanqueo de la aeronave, se recibió información meteorológica y se presentó el plan de vuelo para el trayecto más largo, en el que se cruzaría el Atlántico hasta las Islas Azores, en casi nueve horas de vuelo. Pasadas dos horas, la tripulación No. 1 despegó hacia Lajes. Cuatro horas después, se relevó la tripulación según la lista de chequeo, el orden establecido y los puntos geográficos que debían tener en cuenta para entregar cada puesto.

La tripulación No. 1 solicitó al Centro de Control de Nueva York autorización para sobrevolar su espacio aéreo oceánico en el cruce del Atlántico. La tripulación No.2 tomó el mando del 1004 cuando se acercaba el cambio de punto oceánico en Santa María, en las Islas Azores, donde realizó la lista de chequeo de crucero oceánico, los cálculos de combustible para el destino y el alterno, monitoreo de los vientos y las condiciones meteorológicas en la ruta y en el destino, realizó el breafing de aproximación en Lajes y aterrizó a las nueve de la mañana, hora local. Luego de nueve horas de vuelo fue recibida por integrantes de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, quienes la apoyaron en tierra con meteorología y plan de vuelo.
Permanecimos tres horas en la Isla de Lajes, conocida por sus acantilados y catalogada como un gran portaaviones en medio del océano. Partimos hacia Zaragoza, España, y a las dos horas y treinta minutos de vuelo, la tripulación No. 2 entregó el mando a la No. 1, que según lo planeado aterrizaría en España.



COMANDANTE DE LA MISIÓN
• CR. Gonzalo Cárdenas Mahecha

TRIPULACIÓN No. 1
• MY. Raúl Alberto Henao Vigoya
• MY. Jean Paul Strong Flórez 
• MY. Eliot Gerardo Benavídez González
• TE. Juan Miguel Castro Henao
• TJ. José Argemiro Porras Santana
• TJ. Hernán Gutiérrez 

TRIPULACIÓN No. 2
• MY. Leonardo Arboleda Tamayo 
• ST. Luis Carlos Pérez Arias 
• CR. Gonzalo Cárdenas Mahecha
• CT. Elkin Darío Osorio Díaz (Oficial 
• TS. José Flórez Olarte de Comunicaciones) 
• TS. Calixto Polo Fajardo
• DR. Fernando Helo


En horas de la noche llegamos al Continente Europeo y sentimos tranquilidad al estar cerca del cumplimiento de la misión humanitaria y por las excelentes condiciones técnicas de la aeronave. El Ejército del Aire Español nos recibió cordialmente, nos prestó el apoyo requerido en tierra y alojamiento para la tripulación. Pasamos sin problemas por inmigración, gracias a las gestiones realizadas con anterioridad por funcionarios de la Cancillería Colombiana y a la colaboración del señor Carlos De la Morena Casado, Cónsul General de España en Colombia, quien, en un tiempo récord de cuatro horas, autorizó la visa para que ingresáramos a su país.

Al día siguiente, nos alistamos para salir hacia Turquía pero la carencia de información aeronáutica de los aeropuertos en Siria retrasó el despegue. Afortunadamente, los Oficiales del Escuadrón 611 de la Base de Zaragoza nos suministraron la cartografía necesaria sobre Europa y el Medio Oriente. A pesar de las gestiones realizadas por el embajador de Colombia en Viena y de la Misión Aérea de Estados Unidos en Bogotá con el Comandante de la Base Aérea de Incirlik, no se logró la autorización para proceder a esa Base, porque al pertenecer a la OTAN sólo pueden ingresar tropas británica y norteamericanas, por lo tanto, a las 15:00 hora local la tripulación No. 1 despegó para el Aeropuerto Internacional de Adana en Turquía, donde nos esperaría la Cónsul Honoraria, según conversaciones telefónicas con el señor embajador de Colombia en Austria, General Rozo José Serrano. 


Allí descansaríamos esa noche y al día siguiente partiríamos a Latakia a recoger a los colombianos y seguiríamos para España. A las 4 horas de vuelo se cumplió el relevo con la tripulación No. 2 que realizó la aproximación en Adana. La ruta del vuelo se cumplió sin novedad pero al aterrizar a las 22:00 hora local, nadie nos esperaba, lo que puso en riesgo el cumplimiento de la misión. A pesar de ser un vuelo de carácter humanitario no tuvimos consideraciones especiales dado que no teníamos visa para ingresar a ese país. No se nos permitió hacer los trámites de inmigración, mucho menos salir del aeropuerto, ni descansar esa noche, lo que cambió el planeamiento. Afortunadamente, la tripulación No. 2 había descansado durante el vuelo sobre el Mar Mediterráneo y tan sólo a una hora de aproximación en Adana había recibido el avión. Ante la situación y después de tres horas en rampa, en Bogotá se logró la autorización para proceder en la madrugada a Siria y descansar en Latakia.

En nuestro ingrato paso por Turquía, aprendimos lo que la soberanía de un Estado representa y lo delicada que se puede tornar una situación por no realizar adecuadamente las coordinaciones diplomáticas previas, adicionalmente, comprobamos que el manejo del inglés de nuestros Controladores de Tránsito Aéreo es excelente en comparación con el que tenía la controladora que nos dio servicios en Adana, era difícil entenderle y casi no permite que despegáramos de allí. 

Cuando solicitamos a la Torre de Control autorización para proceder por la ruta propuesta según el nuevo plan de vuelo, no fue aprobada, nos permitían continuar por la ruta inicial pero con nivel de vuelo dos nueve cero, lo cual no era aplicable por el peso y por la corta distancia en la ruta. Al momento que rodábamos hacia la cabecera, la Torre nos informó que no estábamos autorizados para sobrevolar el espacio aéreo de Turquía y nos ordenaron volver a plataforma. Al verificar con la Torre, el permiso de sobrevuelo estaba vigente pero había un error, cuatro horas después lo solucionamos y pudimos proceder a Siria. Luego de una hora de vuelo aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Basel Assad.


Tal como lo había tratado con el señor Embajador de Siria en Venezuela, a nuestra llegada nos dieron 12 visas transitorias. Luego de cumplir casi 36 horas sin dormir, la tripulación pudo descansar en un hotel a 30 minutos del aeropuerto al cual llegamos en un microbus con un afanado conductor que nos llevó a la velocidad del viento. Realmente, se percibía el ambiente de la guerra y a pesar de no existir vestigios de ésta, se sentía un halo de zozobra e intranquilidad. En ese momento, contacté a la señora Embajadora de Colombia en el Líbano y al Cónsul, quienes me informaron que en dos horas llegarían con la caravana de los colombianos y pedían que estuviéramos listos para salir de inmediato.

Luego de cuatro horas de estar descansando en el hotel, recibí la llamada de la señora Embajadora, quien me dijo que los colombianos estaban en el aeropuerto listos para abordar el avión. Al analizar la situación, concluimos con las tripulaciones que era necesario descansar por lo menos seis horas más para recuperar fuerzas y no entrar en situaciones críticas de inseguridad en vuelo por fatiga. Tomé la decisión de ir al aeropuerto con los dos médicos, un ingeniero y un maestro de carga, allí recibimos a los colombianos y alistamos el avión. Posteriormente, llegó el resto de la tripulación 

Lea en nuestra próxima edición el encuentro de los colombianos con la tripulación del C-130 Hércules FAC 1004, el vuelo de regreso y el final exitoso de la misión humanitaria al aterrizar en el Comando Aéreo de Transporte Militar, CATAM, el 19 de agosto de 2006.

Por Coronel Gonzalo Cárdenas Mahecha