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Orgullo nariñense en el programa satelital de su Fuerza Aérea Colombiana

Fecha de Creación: 
02 de Julio de 2020
Orgullo nariñense en el programa satelital de su Fuerza Aérea Colombiana

El Técnico Subjefe Carlos Andrés Tulcán Delgado, oriundo de la vereda Jongovito, ubicada en las faldas del Volcán Galeras, al oriente de la capital de Nariño. Nació el 20 de septiembre de 1977, es el mayor de 5 hermanos, hijos de doña Rosalba Delgado y don Pedro Tulcán Montánchez. Desde temprana edad dedicó su tiempo a estudiar, trabajar labrando la tierra y a fabricar ladrillos, adobes y tejas de barro, en el galpón de su abuelo paterno Abelardo Neftali.

Inició sus estudios primarios en el Instituto San Juan Bosco y luego pasó al INEM en Pasto, destacándose por su desempeño académico, pese a las dificultades para llegar al colegio, pues debía caminar cerca de una hora. Como anécdota de su niñez, luego de las clases, iba con sus hermanos al bosque, a buscar hierba para alimentar los cuyes y a cortar leña para cocinar, pues en su casa, se cocinaba en fogón de leña.

“Mi madre con su ternura, carisma y sorprendente paciencia, me enseñó a sumar con maíces y fríjoles, a cocinar, me educó con amor; me enseñó a hacer las cosas bien, ayudar a los demás, a tener paciencia y buscar siempre solución a las cosas, mi padre me ayudó, enseñó y corrigió para forjar mi carácter, con mis hermanos aprendí la responsabilidad, ellos fueron las primeras personas que tuve que cuidar y guiar, aprendí cosas positivas de la vida gracias a la mujer que amo –Mi mamá-”.

En 1996, un año después de graduarse del colegio, fue Auxiliar Bachiller en el Departamento de Policía de Nariño, demostrando vocación de servicio, sin imaginar que su camino sería navegar el cielo azul de la gloriosa Fuerza Aérea Colombiana. Se incorporó el 20 de enero de 1997, al curso No. 71 de Suboficiales, primer curso de Tecnólogos y primer curso de 3 años en la Institución, dejando atrás su familia con la tristeza de su partida, pero con la felicidad y el anhelo de verlo volar alto y más lejos. “Fue mi tío, Sergio Tulcán, Agente de Policía, quien confió en mis capacidades y sin dudarlo me inscribió, contando siempre con el aval de mi papá y la bendición de mi mamá en esta carrera de Suboficial”.

En la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Colombiana- ESUFA, en Madrid- Cundinamarca, tuvo un alto desempeño académico, gracias a su dedicación; en la parte física, no tuvo mayor complicación, dados los 2650 metros de altura de Jongovito, similar a la altura de este municipio, esto le permitió destacarse en deportes, a tal punto, que representó a ESUFA en diferentes eventos deportivos, con el equipo de Atletismo en la modalidad de fondo, compitiendo con otras Escuelas Militares y en encuentros universitarios.

Fue elegido como Distinguido Mayor de Escuela, grado máximo que puede recibir un alumno, así mismo, se convirtió en ejemplo de subalternos y compañeros, por su forma de encausar la disciplina, siempre con justicia e imparcialidad. Sus compañeros lo definen como una persona inteligente y carismática, para el que prima el bien de sus compañeros sobre el suyo propio.

Por su desempeño académico, le asignaron la responsabilidad de dar asesorías de matemáticas, física y resistencia de materiales. Además, fue escogido para realizar el curso de reparaciones eléctricas de aeronaves en la Interamerican Air Force Academy, IAAFA; en agosto de 1999, en San Antonio – Texas, donde se graduó con honores el 13 de diciembre de 1999, dejando en alto el nombre de Colombia y el de la Fuerza Aérea Colombiana.

Por decisión del Comando de la FAC, en el año 2000, fue trasladado a la Escuela Militar de Aviación, donde inició labores en el Grupo Técnico en mantenimiento aeronáutico como su especialidad primaria, luego, se desempeñó como Operario de línea de vuelo, de motores recíprocos, e instructor de lanzamiento de planeadores mediante sistema winch, Artillero y Técnico de Vuelo en la aeronave UH-60 Black Hawk.

Fue uno de los primeros Suboficiales en recibir inducción de planeadores, realizando cerca de 25 lanzamientos, adicionalmente, realizó los manuales de operación para este tipo de operación y actividad. Después fue seleccionado para pertenecer al equipo de Black Hawk en EMAVI, llegando a ser uno de los Técnicos de Vuelo más jóvenes en su momento, demostrando capacidad profesional en el mantenimiento de este equipo tan importante para la Fuerza.

Desarrolló múltiples operaciones de orden público a bordo de esta aeronave “una poderosa astronave”, así como él llama a este helicóptero, con operaciones de combate, evacuaciones aeromédicas y transporte de tropas en sitios como San Vicente del Caguán, San José del Guaviare, La Macarena; entre otros, por esto recibió por parte de la empresa Sikorsky un diploma, un parche y un botón de mil (1000) horas de vuelo sin accidentes en el equipo UH-60: “la experiencia a bordo de la mejor máquina de la FAC, fue para mí, más que un honor en mi carrera militar, adquirir el conocimiento técnico de este equipo en cada uno de sus sistemas y combinarlo con la adrenalina en la parte operacional, definitivamente es algo sorprendente y único, salía a una operación con la incertidumbre de volver o no”.

Por esta razón, materializó el gran amor a este helicóptero, que le compuso una oración con el apoyo del Grupo Académico, para que todos los tripulantes que tienen el honor de pertenecer a este equipo, se sintieran orgullosos de lo que hacen.

En el año 2007, fue reubicado laboralmente por una deficiencia médica en su oído izquierdo al Centro de Investigación en Tecnologías Aeroespaciales- CITAE, como Jefe de Laboratorio de Materiales y hoy en día, como Técnico Especialista en Desarrollo Tecnológico en apoyo en diferentes proyectos de innovación proyectados a la misión Institucional, sobre “Volar, entrenar y combatir para vencer y dominar en el aire, el espacio y el ciberespacio…”

En su última y más ambiciosa participación, la realizó en el proyecto: Comunicaciones Satelitales de la FAC en la Antártica en la VI Expedición Científica Colombiana y IV Campaña Antártica de la Fuerza Aérea Colombiana. Esta expedición empezó con la invitación de la Comisión Colombiana del Océano-CCO, para participar con diferentes proyectos, entre ellos el de Comunicaciones Satelitales en la Antártica. Luego de ser aceptada la propuesta, se inició la preparación con un curso pre antártico desarrollado en la Escuela Naval de Cadetes de la Armada Nacional “Almirante Padilla” que contó con el apoyo de la Escuela Internacional de Guardacostas, para proporcionar herramientas, destrezas y la seguridad necesaria, para sortear actividades científicas de los investigadores y futuros expedicionarios del Programa Antártico. La expedición desarrollada durante el verano austral 2019 – 2020, estuvo conformada por 24 expedicionarios colombianos, que desarrollaron 15 proyectos, de ellos, 10 eran miembros de la Fuerza Aérea.

“Soy el único Suboficial y la única persona de origen nariñense del programa satelital de la FAC, en hacer parte del Centro de Investigación en Tecnologías Aeroespaciales, CITAE”, este centro de investigación tiene la responsabilidad de monitorear y controlar desde la Escuela Militar de Aviación el nanosatélite FACSAT-1. Su labor como Técnico Especialista en Desarrollo Tecnológico implica tareas especializadas en el ámbito satelital, una de ellas es la calibración de la antena Yagi que hace el seguimiento del satélite, recibiendo datos de telemetría, en la estación terrena.

“No hay palabras para describir lo maravilloso que fue la travesía por el continente antártico… son 23 años de servicio en esta magnífica Institución, a la Dirección de Ciencia y Tecnología, al CITAE, agradezco a Dios que me permitió ser parte de esta expedición, que me enriqueció profesional y personalmente, representar con honor a mi país, a mi Fuerza Aérea Colombiana y a mi región nariñense en el Continente Blanco, ser parte de la esencia de nuestra tierra colombiana: soy nariñense, pastuso de Jongovito, donde se forjan hombres y mujeres con principios, valores y sacrificio de corazón. Ha sido un orgullo para mi familia y una gran satisfacción personal, ver el reconocimiento por años de esfuerzo, dedicación y la pasión con que realizo mi trabajo en el Centro de Investigación”.

Autor: 
Comunicaciones Estratégicas EMAVI
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