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Primera mujer jefe de salto, 10 años construyendo un sueño en las alturas

Fecha de Creación: 
25 de Febrero de 2020
PRIMERA MUJER JEFE DE SALTO, 10 AÑOS CONSTRUYENDO UN SUEÑO EN LAS ALTURAS

Todo el acercamiento al paracaidismo inició en el año 2010, estando en la Escuela Militar de Aviación EMAVI como cadete me otorgaron un salto en tándem por haber tenido el mejor puntaje en un polígono, el salto se realizaría el día de la primera visita, aunque mis padres no alcanzaron a verlo era algo que reunía muchas emociones en unos cuantos segundos, una experiencia que incentivó mi deseo de hacerme paracaidista en la Fuerza Aérea.

Mi formación como paracaidista inició en el año 2010, realicé curso de Paracaidismo Militar Modalidad Línea Estática (hoy llamado infiltración a baja altura), recuerdo que había mucha ansiedad, nos mirábamos con nuestros compañeros y reíamos, pero en el fondo sentía mucha incertidumbre. Son cuatro semanas de fuerte entrenamiento enfocado en aterrizajes y caídas, bastante ejercicio físico, vueltas a la plaza de armas en las noches, días enteros en las pistas cayendo al cisco, salto de torre, procedimientos de emergencia, saltamos hasta de las mesas para practicar aterrajes y la lucha eterna con las barras.

Aparte de mis códigos estaba un personal de infantería de marina lo que hacía más retador el entrenamiento ya que ellos no tenían mujeres en la especialidad que hicieran estos cursos. Transcurrieron las tres semanas y llegaba la definitiva que era la de saltar de la aeronave; durante el ascenso los jefes de salto trataban de animarnos con cantos, nos hacían rezar la oración al paracaidista, rimas y frases para tratar de despistar la ansiedad. Es tan intensa la emoción de esa primera experiencia de saltar, que sientes que pasa tan rápido y sin poder detallarla, seguida de la preocupación del aterrizaje que se memorizó por semanas en plataformas simuladas, aprieto mi cuerpo y me doy cuenta que sin novedad estoy en tierra, agradezco a Dios y corro para reclamar el siguiente equipo, comentar la experiencia con los compañeros y prepararme para el siguiente salto.

Esta modalidad la practiqué hasta el año 2013, en el 2015 se me da la oportunidad de hacer el curso de Paracaidismo Militar Modalidad Caída Libre y poder pertenecer al equipo “Águila de Gules”, siendo la primera mujer en realizar este curso en la Fuerza Aérea. Aquí aumenta mi pasión por el paracaidismo, era otro reto más grande, eran procedimientos totalmente diferentes, pase de saltar a 457.2 metros de altura, donde yo no abría el paracaídas a 3962.4 metros, tener caída libre de 45 segundos y abrir sola mi paracaídas, era un reto que sabía que tenía y quería sacar adelante.

Iniciamos el entrenamiento con la confianza de pasar sin novedad la fase de tierra pero con cierta ansiedad de la fase de aire, a pesar de ser algo complejo, las habilidades necesarias las tenemos tanto los hombres como las mujeres; no había nada en el entrenamiento que yo dijese bueno eso no lo podemos hacer por ser mujeres, todo aplicaba para los dos géneros lo cual me daba más seguridad en sacar adelante el curso. Este curso duró cuatro semanas también, uno mismo debe empacar el paracaídas con el que salta, es nuestra responsabilidad para que tenga buena apertura sin emergencias, se veía otra semana de emergencias, luego el examen teórico y por último la realidad en el aire.

Iniciamos la fase de aire, los primeros saltos con dos instructores, el salto es asistido ubicándose uno en cada lado, solo debía hacer arco. El día en que salté sola es algo que nunca se me va a olvidar, la tranquilidad que se tiene en ese instante de salir de la aeronave es algo único, ya con unos pocos segundos de caída libre inicié unos giros involuntarios que me asustaron un poco, pero llegó el instructor y recuerdo que con una mano me detuvo y me hizo sonreír, ahí entendí que el cuerpo se acomoda en el aire de la mejor manera cuando estas relajado y tranquilo.

Los minutos previos al abordaje eran algo raros, observabas caras alegres, otras con un poco de susto y algunos repasando, ante los instructores no decíamos nada, pero en la noche cuando nos reuníamos confesábamos los nervios e inseguridades. Con el pasar del curso ya las caras tranquilas predominaban en la aeronave y una señal de mano de que todo estará bien era la que sacaba la sonrisa y fortalecía la confianza, cuando se abría la rampa era el momento de respirar profundo y concentrarse.

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