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Rescate en la gruta - quebrada Chinchiná Caldas

La muerte de nueve niños y dos adultos del Grupo Scout No. 4 de Manizales, fue un hecho que conmovió a los colombianos. No hay alma humana que no quede atónita al contemplar cómo en un sitio paradisíaco y majestuoso como son las estribaciones de los termales del Nevado del Ruiz, las fuerzas de la naturaleza hubiesen causado semejante desastre.
La tragedia ocurrió en la tarde del sábado 18 de marzo de 2006, cuando 13 manizalitas del Grupo Scout No. 4 quienes realizaban una caminata ecológica, fueron sorprendidos por la avalancha de la quebrada Chinchiná, la cual traía una corriente tan fuerte que arrastraba rocas, árboles y lodo. Todo sucedió de una forma tan repentina que ninguno pudo reaccionar. Sin embargo y a pesar de las difíciles circunstancias que envolvieron este evento, uno de los Scout quedó aferrado a una de las ramas de un árbol gracias a que la pulsera metálica o esclava que llevaba en su muñeca se enredó accidentalmente en él. Milagrosamente logró salvar su vida. Otro sobreviviente fue arrojado por la corriente de la quebrada hasta un lugar donde pudo salir por sus propios medios pero la suerte de los otros 11 Scout era incierta, la corriente se los había llevado.
La Gobernación de Caldas y la Alcaldía de Manizales, solicitaron la asistencia de muchas manos leales para realizar la búsqueda y el rescate de los 11 desaparecidos, fue entonces cuando la Fuerza Aérea recibió la solicitud para que un avión plataforma efectuara la búsqueda con el uso del sistema FLIR, Forward Looking Infrared, Visor Delantero Infrarrojo. Lamentablemente, las condiciones meteorológicas impidieron que esta aeronave lograra cumplir la misión, por lo tanto, la tarea fue asignada a la Base Aérea de Rionegro, sede del Comando Aéreo de Combate No 5, para que a través del Escadrón de Asalto No.512 del Grupo de Combate No. 51, se ejecutara la misión de búsqueda y rescate con un helicóptero UH-60 Black Hawk por ser una aeronave altamente eficiente en operaciones de este tipo, las cuales se realizan en zonas topográficamente abruptas, con grandes elevaciones, en especial los nevados. 

Con los primeros rayos de sol del domingo 19 de marzo, el UH-60L FAC 4126 despegó de Rionegro con destino a Manizales, su tripulación llevaba la consigna de agotar todos los recursos para dar con el paradero de los desaparecidos y efectuar el rescate de los sobrevivientes. Una vez arribó al aeropuerto La Nubia de Manizales, la tripulación estableció contacto con integrantes de la Cruz Roja y la Defensa Civil, quienes manifestaron su gran preocupación por encontrar a los 11 Scouts. De inmediato el UH-60 despegó e inició los patrones de búsqueda sobre la quebrada Chinchiná, concentrándose principalmente en donde ocurrió la avalancha y hasta un perímetro de tres kilómetros aguas abajo. En vuelo a ras de tierra, ejecutó un barrido detallado metro a metro y a los 500 metros logró divisar el primer cuerpo, sucesivamente, a lo largo de dos kilómetros, ubicó otras víctimas hasta alcanzar así nueve de los once desaparecidos. La tripulación procedió a tomar las coordenadas de cada un de los cuerpos y a seleccionar zonas aptas para la inserción de los integrantes del C-SAR.
El FAC 4126 retornó a Manizales y se inició el planeamiento de la fase de extracción de las víctimas, así mismo, se informó a los organismos de rescate de Caldas, que se encontraban en el área del desastre, la ubicación de algunos cuerpos que podían ser evacuados por tierra. El helicóptero se encargó de la extracción de los cuerpos que se encontraban en lugares de difícile acceso.
La aeronave fue configurada para que los rescatistas efectuaran descenso por rappel y la extracción por medio del sistema STABO. En cuestión de mi nutos procedió a despegar hacia la zona de la Gruta, la tripulación visualizó que varios grupos de rescatistas caminaban por la quebrada y transportaban algunos cuerpos, tal como se había dispuesto en el planeamiento.

El UH-60 se estableció sobre el lugar en el que debía extraer el primer cuerpo, inició un estacionario a 100 pies para el descenso de un rescatista de la Cruz Roja y uno de la Fuerza Aérea, al dejarlos en tierra, el helicóptero se desplazó y aterrizó en la parte alta del cañón, a 300 metros del sitio de la inserción, allí se podía divisar la quebrada, establecer comunicación con los rescatistas y ahorrar combustible, aspecto valioso para dar continuidad a la operación, desde allí monitoreaban las condiciones meteorológicas, que poco a poco se convirtieron en un gran adversario para cumplir la misión. Pasados 20 minutos, los rescatistas dieron luz verde para la extracción y mediante la maniobra de STABO fueron aerotransportados con el primer cuerpo hasta la parte alta del cañón donde aterrizó el helicóptero. Cada desplazamiento se realizó con sumo cuidado para no entrar en Condiciones Meteorológicas Imprevistas, CMI. Se volvieron a embarcar tanto los rescatistas como la víctima y se procedió al sitio donde se encontraba el segundo cuerpo, allí se efectuó el procedimiento de extracción. Los dos primeros cuerpos rescatados fueron llevados hasta el aeropuerto de Manizales, donde se entregaron a funcionarios de la Fiscalía.

Las condiciones meteorológicas en el sitio de las extracciones se habían deteriorado a tal punto que la misión aérea tuvo que ser aplazada hasta las horas de la tarde, momento en el cual el techo de las nubes permitió que el helicóptero ingresara nuevamente por el cañón de la quebrada. Se ubicó el tercer cuerpo y luego de tenerlo a bordo se decidió extraer el cuarto cuerpo, lo cual debía hacerse rápido ya que sólo quedaban algunos minutos de luz solar. En esta oportunidad se descartaba el uso de lentes de visión nocturna por ser una zona demasiado pequeña para efectuar los virajes en estacionario, desplazamientos y maniobras propias de misiones de este tipo. El riesgo era demasiado alto. La tripulación se comprometió a actuar de manera más ágil y segura, así lograron evacuar el cuarto cuerpo y procedieron a llevar estas otras dos víctimas hasta Manizales, en momentos en que ya el sol se ocultaba. Al final del día se habían logrado extraer nueve cuerpos, unos por tierra y otros por aire. Se había completado esta fase de la operación.

Al día siguiente, desde muy temprano se iniciaron los patrones de búsqueda de los dos últimos cuerpos, se realizaron barridos continuos en nuevas zonas, varios grupos de rescate fueron desembarcados en ocho zonas a lo largo de la quebrada con el fin de combinar integralmente la búsqueda aérea con la terrestre. Una tarea ardua, hasta que cuatro días después, ocultos por el lodo y las piedras, fueron descubiertos los cuerpos de los dos scouts faltantes.


La misión de búsqueda y rescate había concluido y en la conciencia de cada uno de los integrantes de la tripulación permanecía un gran sentimiento de satisfacción por haber participado activamente en tan humanitaria misión, olvidándose por un momento de las exigentes misiones de orden público que libran los UH-60 desde el corazón mismo de la guerra en Colombia.

Fue un trabajo admirable, en virtud de la participación profesional y muy humana de los integrantes de la Cruz Roja, Defensa Civil, Policía Nacional e incluso civiles habitantes de las veredas aledañas, quienes, desde el helicóptero y a través de los patrones de búsqueda, se veían como hormigas voluntariosas impulsadas por el noble ideal de devolver a las familias afectadas los hijos desaparecidos a causa de la avalancha.

Sin embargo, queda un sentimiento de tristeza. Imágenes, rostros de desconsuelo y la sensación de impotencia ante la furia de la naturaleza, estarán siempre en las mentes de los tripulantes, quienes con la lealtad y compromiso que caracterizan a los hombres y mujeres de la Fuerza Aérea continuarán en apoyó a los colombianos en los momentos más difíciles.

TRIPULACIÓN UH-60L FAC 4126
Piloto: Teniente Gildardo García Galvis 
Copiloto: Teniente José Castellanos Botero
Técnico de Vuelo :T3. John L. Alvarado
Artillero: T4. John Freddy Montoya Beltrán 

Equipo C-SAR
Enfermero de combate: T3. Luís Martínez Quiroga
Enfermero de combate: T3. Juan Manuel García Cruz

Por Teniente Gildardo García Galvis