Editorial

Un Sueño no es una Utopía

En 1919, con el surgimiento de la aviación en Colombia, el cielo dejó de ser el límite para convertirse en un nuevo punto de partida; desde entonces, la Fuerza Aérea Colombiana ha construido capacidades mientras escribe la historia de la defensa nacional, dirigiendo su mirada más alto, más lejos del azul celeste, hacia el azul profundo y, más allá, al infinito del espacio. Por ello, el 28 de noviembre de 2018, el país, a través de su Fuerza Aérea Colombiana, evolucionó con el lanzamiento de nuestro primer activo estratégico espacial, el FACSAT I, piedra fundacional para una nueva etapa de crecimiento y desarrollo. Ahora, los retos son mayores y los objetivos aún más ambiciosos.

De cara a un nuevo siglo de vida institucional, seguimos adelante con un plan, que hace parte de la Estrategia para el Desarrollo Aéreo y Espacial de la Fuerza, la cual traza su camino a 2042 y la mueve en todas las dimensiones: tiempo, aeronaves, recursos, infraestructura, personal y capacidades, entre otras. Al mismo tiempo, proporciona una capacidad de respuesta a tono con los desafíos contemporáneos de la seguridad; los cuales demandan innovación pronta, despliegues rápidos y el control de fenómenos trasnacionales que aprovechan la porosidad de nuestras fronteras.

Consecuentemente, nuestra misión se replanteó; ya que, para vencer y dominar en el aire, el espacio y el ciberespacio, tenemos que volar y entrenar, permanentemente, con los más altos niveles de exigencia y estándares operacionales, tal como tendríamos que combatir, para garantizar la soberanía e integridad del territorio nacional.

El desarrollo espacial, el conocimiento adquirido y los años de experiencia en el conflicto, nos deben conducir a fortalecer al Estado, la empresa y la academia. Ejercer liderazgo, en la medida que somos referentes, es la oportunidad para consolidar la seguridad interna y estabilidad hemisférica, mediante una capacidad disuasiva real, visible, creíble, permanente y sostenible, producto de aterrizar un sueño institucional, la visión compartida, que dejará de ser utopía porque se construye sobre un proyecto serio, sólido, con objetivos concretos y metas alcanzables, claramente definidas.

Ser referente y preferente internacional es una necesidad estratégica, porque estamos enfrentando amenazas transnacionales que demandan respuestas multinacionales coordinadas. Diseñar planes de operación fuera de fronteras, bajo acuerdos bilaterales para combatir el narcotrafico y la minería ilegal, es el camino que suma esas voluntades y capacidades requeridas para el logro de los fines establecidos.

Entonces, el dominio de varios idiomas, el alcance global, la interoperabilidad tecnológica, las técnicas, tácticas y procedimientos, la innovación, la búsqueda permanente de estándares internacionales y la capacitación del personal, son retos que orientan nuestra priorización del gasto.

En consecuencia, iniciamos el 2020 reemplazando progresivamente aeronaves de instrucción y entrenamiento, superioridad aérea, transporte y simuladores que complementan la instrucción con tecnología de punta.

Así mismo, nuestro profesionalismo, puesto a prueba en los escenarios más exigentes, hace de la Fuerza una de las instituciones mejor calificadas en el Continente Americano, ofreciendo oportunidades a nuestro personal para ocupar cargos de liderazgo en operaciones multinacionales, como Panamax y el ejercicio Cooperación VII, este último en Colombia, con la participación de más de 20 países de América, el Caribe y Europa.

La interoperabilidad alcanzada nos permitirá construir sinergia y ser más efectivos en la lucha contra amenazas comunes como el narcotráfico, que presenta gran actividad en las aguas del Pacífico y el espacio aéreo sobre el Mar Caribe.

Todos estos esfuerzos buscan la integración de Estados aliados en coaliciones que defiendan el hemisferio, conformando una fuerza de tarea multinacional, coordinada bajo nuestro liderazgo, reto de gran envergadura que nos impulsa a fortalecer el sistema integral de defensa aérea con la defensa antiaérea, y complementar el dominio del espacio aéreo con la adquisición de nuevos y modernos equipos de alerta temprana y guerra electrónica.

Concebir el crecimiento y desarrollo de Colombia es posible en manos de ciudadanos que desaten todo su potencial sobre la base firme de la seguridad, el emprendimiento y la innovación. Por ello, buscamos garantizar el acceso, explotación y control del espacio; un esfuerzo integrado a nuestro Centro de Investigación de Tecnologías Aeroespaciales, instalación operacional que administra el FACSAT I, como parte de la apuesta en la construcción de los FACSAT II y III, además  de poner en órbita una constelación de satélites. En ese rumbo, se construye el Centro de Comando Espacial en la Escuela Militar de Aviación, y sus laboratorios, capacidad distintiva que nos abrirá las puertas hacia nuevos horizontes, más allá de la órbita polar baja, sobre la cual viaja nuestro satélite.

Así mismo, trabajar de la mano de la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana, CIAC, nos permite avanzar con iniciativas en la oferta de servicios del Comando Aéreo de Mantenimiento, CAMAN, a través  del proyecto Pegaso y el desarrollo de Aeronaves Remotamente Tripuladas, ART, destacándose, los proyectos Coelum, aeronave portátil y versátil, encaminada a ser empleada por unidades tácticas en el área de operaciones; Quimbaya, dirigida al resguardo de infraestructura vial y minero-energética; y Atlante, resultado de la cooperación entre los Ministerios de Defensa de Colombia y España quienes, junto a la experticia de la Fuerza Aérea, CIAC y Airbus Defense and Space, progresamos en el diseño de este equipo que estará enfocado en la realización de misiones militares de vigilancia y reconocimiento con mayor autonomía.

Al haber conmemorado un siglo de existencia, nos sentimos orgullosos de hacer honor al lema que sostiene en sus garras el águila de gules, “Sic itur ad astra”, “así se va a las alturas”, reto que ha orientado el derrotero de esta Fuerza, tanto como lo ha inspirado el escudo de nuestra Alma Máter, que fija el espacio como meta, mientras se recorre el camino de la ciencia. Sin embargo, Sic itur ad astra tiene un significado literal más profundo, o tal vez más ambicioso: “así se va a las estrellas”. Nuestra creación en 1919 tuvo como límite el cielo, nuestra evolución el espacio y nuestro futuro nos invita al infinito.

Iniciamos una nueva centuria con la grandeza de las alas que cobijan la nación y el trabajo diario para cumplir la proyección que nos impusimos, reafirmando a los colombianos que, su Fuerza Aérea enfocará la mirada más allá de lo que inicialmente la razón puede dictar, porque en los sueños de sus líderes emergerán los grandes y ambiciosos proyectos que regirán nuestro destino.

 

General Ramsés Rueda Rueda

Comandante Fuerza Aérea Colombiana