Editorial

Ultima Actualización: 
23 de Julio de 2020
Toda Gran Institución Siempre Tendrá Grandes Mujeres

En 1919, con el surgimiento de la aviación en Colombia, el cielo dejó de ser el límite para convertirse en un nuevo punto de partida; desde entonces, la Fuerza Aérea Colombiana ha construido capacidades mientras escribe la historia de la defensa nacional, dirigiendo su mirada más alto, más lejos del azul celeste, hacia el azul profundo y, más allá, al infinito del espacio. Por ello, el 28 de noviembre de 2018, el país, a través de su Fuerza Aérea Colombiana, evolucionó con el lanzamiento de nuestro primer activo estratégico espacial, el FACSAT I, piedra fundacional para una nueva etapa de crecimiento y desarrollo. Ahora, los retos son mayores y los objetivos aún más ambiciosos.

La Fuerza Aérea de los colombianos, a lo largo de su historia, ha crecido como una Institución íntegra, legítima, transparente, sólida, garante de los derechos y libertades de los compatriotas, de la democracia, soberanía e integridad territorial. Su noble labor ha marcado profundas huellas en la historia del país y continúa construyendo su devenir, un proceso de enormes retos, desafiante, que demanda sacrificios y vocación de servicio, pero también gratificante, donde la mujer ha desempeñado un papel protagónico, siendo ejemplo de integridad, fortaleza y humanismo. Su rol como militar, profesional, madre y esposa, le otorga responsabilidades adicionales, frente a las cuales ha demostrado gran capacidad para asumirlas. La mujer da a nuestra misión un matiz más diverso e incluyente.

Ellas, siempre han estado presentes en la FAC, incluso desde nuestro bautizo de fuego cuando defendimos la soberanía en el Amazonas. Allí, desempeñaron la importante labor de asistencia en salud, comunicaciones y como secretarias, contribución que permitió el dominio del espacio aéreo y facilitó las operaciones subsiguientes a las tropas colombianas en tierra. Posteriormente, la participación de la mujer fue creciendo al incorporarse como Oficiales y Suboficiales del Cuerpo Administrativo en 1979 y 1992, respectivamente. Su aporte fue fundamental en áreas de la salud, logística, sistemas, derecho, periodismo, administración, finanzas, economía, ingeniería, contabilidad y mantenimiento aeronáutico.

La profundización en políticas de equidad e inclusión, producto de la reforma constitucional de 1991, el cambio cultural y el fortalecimiento de los derechos y espacios para ellas en el ámbito global, influyeron en la composición de nuestra Fuerza a finales de los noventa. En 1997, ingresan 34 bachilleres para integrar el Curso No. 73 de Oficiales, primer grupo de mujeres aspirantes a formarse como pilotos; iniciativa institucional que buscaba impulsarnos en el nuevo siglo con la inclusión de la mujer en la especialidad de vuelo, dándoles la oportunidad de proyectarse profesionalmente hasta el grado de generales. Así, tres años más tarde, 16 lograron su objetivo. Siete de ellas se graduaron como pilotos militares y las nueve restantes en las especialidades de defensa aérea, armamento aéreo y comunicaciones aeronáuticas.

Los cielos vallecaucanos fueron los primeros en ver aeronaves militares comandadas por mujeres, creando un hito para la historia nacional y latinoamericana. Este hecho se hizo más fuerte al incorporar, en 2013, a las primeras alumnas en los cursos regulares de Suboficiales. Actualmente, las mujeres de nuestra Fuerza conforman un 27 por ciento de todo el personal, se encuentran empoderadas y desempeñan importantes funciones que hacen posible la misión constitucional; en el campo de la medicina aeroespacial, acción integral, derecho y ciencias sociales, mantenimiento aeronáutico, aeronaves remotamente tripuladas, seguridad y defensa de bases  aéreas, inteligencia, logística aeronáutica, operaciones aéreas, entre otras disciplinas profesionales.

Las mujeres en la Fuerza demostraron su capacidad para superar retos físicos, desarrollando habilidades que hoy son parte de nuestras mayores fortalezas. Todas ellas, Oficiales, Suboficiales y funcionarias civiles, con su valor, persistencia, determinación, tenacidad, dedicación y liderazgo, hacen más efectiva, oportuna, precisa y contundente la aplicación del poder aéreo; pero también, con su feminidad, dan mayor alcance al esfuerzo no armado, estableciendo un armónico equilibrio en las operaciones militares, acercándonos a la comunidad y contribuyendo a la construcción de legitimidad y fortalecimiento de la imagen institucional.

Sin duda, toda gran Institución siempre tendrá grandes mujeres. En la Fuerza Aérea Colombiana nos sentimos orgullosos de ellas, de sus conocimientos, experiencia, patriotismo, heroísmo y de su gran sensibilidad como seres humanos. Iniciando un nuevo siglo en la historia del poder aéreo militar en Colombia, junto a ellas, y con absoluta confianza y seguridad, volamos, entrenamos y combatimos para vencer.

 

 

 

General Ramsés Rueda Rueda Comandante Fuerza Aérea Colombiana