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T-27 Tucano Bastión del Poder Aéreo Nacional

Fecha de Creación: 
27 de Marzo de 2020
Aviación Militar
T-27 Tucano Bastión del Poder Aéreo Nacional

Artículo destacado en la edición 293 de la Revista Aeronáutica, publicación oficial de la Fuerza Aérea Colombiana.

Para quienes hemos tenido la fortuna de volar en el territorio nacional, disfrutar de paisajes exuberantes es un común denominador. El piloto colombiano desde su proceso de formación aprende a enfrentar tres cordilleras que hacen del arte de volar todo un desafío por la climatología que ellas determinan; en contraprestación a este esfuerzo se obtiene una vista privilegiada desde la cabina, que ratifica la inconmensurabilidad del país en que vivimos.

Cualquier zona puede ser favorita para volar pero los Llanos Orientales siempre se caracterizan por dejar las mejores postales, puesto que su belleza en fauna, flora, ríos, llanura es tanta que el lente de una cámara no logra captar todo su esplendor. Es posible imaginarlo a través de una estrofa del Himno del Meta, departamento de la región de la Orinoquía, “embrujo verde donde el azul del cielo se confunde con su suelo en la inmensa lejanía”. Arnulfo Briceño.

La conquista de los Llanos Orientales desde el punto de vista aéreo ha sido responsabilidad de la Fuerza Aérea, ya que lo basto de su extensión, 285.437 kilómetros cuadrados, siempre ha hecho difícil su recorrido por tierra. La aviación sirvió para acortar distancias, precisamente, las que aprovecharon los enemigos del desarrollo de nuestro país para realizar actividades ilegales convirtiendo a la región en uno de sus principales teatros de operación durante el conflicto del siglo pasado, donde una vez más la Fuerza Aérea Colombiana fue decisiva para la victoria militar.

Con este panorama, el Comando Aéreo de Combate No. 2 con sede en Apiay, Meta, fue protagonista y sus aeronaves verdaderos emisores de esperanza al efectuar operaciones aéreas en aquellas zonas donde los narcoterroristas querían imponer su ley a través del uso ilegal de las armas. Una de las aeronaves que hicieron parte de esas misiones, el T-27 Tucano, hoy se renueva para seguir siendo un factor determinante y junto con el profesionalismo de sus tripulaciones garantizar la estabilidad interna de Colombia en el ámbito militar; ahora cambia su denominación a AT-27M.

El proyecto involucró la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana, CIAC, con la renovación completa de la estructura de los planos y el cambio de la aviónica por una cabina de cristal de última generación. Este plan aún en desarrollo, le ha dado un nuevo aire al avión, dotándolo con capacidades para el entrenamiento de alumnos en procedimientos PBN, Performance Based Navigation, por sus siglas en Inglés, o Navegación Basada en Performance, manteniendo las capacidades aerodinámicas que lo convierten en un excelente entrenador militar, permitiendo que los pilotos graduados cumplan un extenso curso que abarca acrobacia, instrumentos, nocturno, vuelo en formación y navegaciones operacionales.

Rompiendo Récords
Por donde se quiera mirar al Tucano sus números superan cualquier estimación: a junio de 2018, acumula 98 mil horas de vuelo; ha graduado 350 pilotos militares, volado a lo largo y ancho de nuestra geografía, siendo el punto de partida para el establecimiento de maniobras modernas de ataque utilizando lentes de visión nocturna; en este equipo se graduó la primera piloto de combate en Colombia, así como la primera instructora femenina de vuelo de la Institución. Pero, por encima de todo hay una cifra que hace sentir orgullo cuando de ella se habla, que se refiere no solo a la calidad de la máquina sino a la pericia y profesionalismo de sus tripulaciones: los 14 aviones adquiridos iniciando la década del 90 hoy existen luego de operar ininterrumpidamente en la Fuerza, logro que solo el Escuadrón de Combate 212 posee, constituyéndose en la única Fuerza Aérea del mundo en tener su flota de T-27 Tucano completa.

Fortaleza del Poder Aéreo
El T-27 Tucano hizo su vuelo inaugural el 16 de agosto de 1980 y entró al servicio de la Fuerza Aérea Colombiana en 1992. Después de tres días de crucero desde San José Dos Campos en Brasil hizo su arribo a la Base Aérea Capitán Luis Francisco Gómez Niño en Apiay, Meta, cambiando por completo las capacidades estratégicas en temas aéreos del país. En 1993 fueron adquiridas 14 aeronaves, que iniciaron su labor principal de servir como entrenador para los Alféreces de la Escuela Militar de Aviación en su carrera de pilotos. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto militar hizo que alternara sus horas de vuelo de entrenamiento con misiones de ataque en el territorio nacional.

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Autor: 
Revista Aeronáutica - Mayor Mario Andrés Espinosa González
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