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Un Sueño de papel

Por instantes la respiración se contuvo y la mirada de todos los allí reunidos siguió el recorrido de esa hoja de papel amarillo. Al caer al suelo, un grito unísono llenó de emoción el lugar, Alejandro Rozo se acababa de convertir en el primer integrante del Team Acrobático Colombiano de Avioncitos de Papel, que en mayo viajaría a Salzburgo, Austria, para competir con más de 40 países en Red Bull Paper Wings.
La emoción duró varios minutos. Alejandro, un joven estudiante de Ingeniería Electrónica de la Universidad El Bosque reconoció que había asistido por pura curiosidad, impulsado por su hermano Diego, estudiante de Ingeniería Aeronáutica, quien le diseñó el avión. Alejandro sólo enfocó y con fuerza impulsó el avioncito que cayó luego de recorrer 42.70 cm., la mayor distancia alcanzada. Diego participó pero sólo alcanzó 20 cm.


La competencia debía seguir ya que desde las nueve de la mañana de ese 25 de marzo de 2006, llegaron al Centro de Alto Rendimiento de Bogotá, estudiantes universitarios aficionados a la tecnología y a la aviación, quienes transformaron hojas de papel en poderosos aviones que llevaban inmerso algo más que los trucos de viejos días de escuela. 

En un espacio donde se conjugó la energía, el diseño y la música, transcurrió el día y poco después de las siete de la noche conocimos a la segunda ala de la delegación colombiana: Edgar Mauricio Meléndez, estudiante de Diseño Gráfico de la Universidad los Libertadores, logró que su modelo tardara el mayor tiempo posible en el aire, 10,88 seg. En compañía de su mamá y una tía disfrutó el triunfo que en principio sólo era el sueño de un jovencito que aún creía que los avioncitos de papel lo llevarían a alguna parte, como irónicamente le dijo su mamá horas antes de despegar. 


La tercera categoría: vuelo acrobático, tenía algo de particular, el aeromodelo podría fabricarse con otros elementos siempre que el 51% fuera de papel. Los jurados preguntaban al participante que figura realizaría el avión y basados en ello calificaban, luego de la última presentación sumarían puntajes y el mayor sería el ganador. Al dar el resultado Alfredo Ramírez, estudiante de Ingeniería Aeronáutica de la Universidad San Buenaventura, uno de los más constantes, el primero en acudir a la competencia y el más dedicado, apareció algo callado y solo. No podía creerlo pero tampoco expresar lo que sentía. Quizá fue el que menos celebró porque luego de subir al podium de los ganadores, se concentró en reparar los dos aeromodelos que después de la competencia quedaron un poco averiados, sobretodo con el que ganó un aeromodelo en forma de corazón y cabeza de dragón. Horas después, cuando le contó a su padre y sintió su alegría y apoyo, recordó como desde muy chico reciclaba hojas del negocio de la familia, un local donde sacaban fotocopias, para hacer avioncitos en el colegio durante el descanso. Ahora un avioncito de papel lo llevaría a Austria. 


Fue un evento sin precedentes, realizado por Red Bull, que abrió la puerta del Hangar-7 de Austria, donde en abril de 2006 se efectuó a cabo el campeonato mundial, y además dio paso para que este tipo de competencias se lleven a cabo con mayor frecuencia en nuestro país. Para quienes sólo recordábamos el tradicional avioncito de papel que en nuestra infancia mamá o papá nos hizo y que pasó de generación en generación, nos reveló otro mundo en el que fascinados conocimos la cantidad de diseños que se pueden hacer con una hoja de papel y más aún la imaginación de los que ponen a volar sus sueños.

Por Eliana Caipa Rozo