29 Apr 2014

V. El Conflicto Fronterizo

En la década de 1920, existían grandes diferencias entre la aviación comercial nacional, que entonces era la más avanzada de América del Sur, y la aviación militar, que apenas contaba con unos pocos aviones de escuela. Empero, cuando comenzó el conflicto con el Perú, en 1932, la aerolínea SCADTA (Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos) prestó al gobierno de Colombia sus aeródromos y equipos, y sirvió de escuela a los pilotos en la operación de los hidroaviones, botes volantes, anfibios Sikorsky y otras máquinas de las que disponía.

En 1924, durante la presidencia de Pedro Nel Ospina no sólo se reactivó la Escuela Militar de Aviación, que por entonces recibía la instrucción de la Misión Suiza, sino que también significó el nacimiento de la Base Aérea “Justino Mariño”, actualmente sede del Comando Aéreo de Mantenimiento. Sin embargo, la aviación militar nacional empezó realmente a desarrollarse como consecuencia del conflicto con el Perú, que condujo a la creación de Bases Aéreas en diferentes regiones del territorio nacional.

A principios del siglo XX, Colombia contaba con una Fuerza Militar politizada y deficientemente organizada, entrenada y equipada. Muchos de los grupos armados de esta época estaban formados por campesinos disidentes que participaron en las guerras civiles de los últimos años del siglo XIX, o simplemente eran hombres armados al servicio de señores acaudalados que los contrataban con el fin de proteger sus intereses económicos.

Igualmente, los límites fronterizos no estaban claramente definidos. ¿Hasta dónde llegaba Colombia? ¿Qué le pertenecía al Brasil? ¿Qué le correspondía al Ecuador? ¿Qué pasó con Panamá? ¿Por qué Perú tiene casas caucheras en territorio colombiano? En este periodo se pusieron en la escena internacional las dificultades de las nuevas naciones para definir su territorio una vez abandonaron las políticas colonialistas españolas.

Tras haber permanecido el partido conservador 45 años en el poder, las elecciones de 1930 situaron al frente del gobierno nacional a un liberal, Enrique Olaya Herrera. Desde entonces y hasta 1946, el país fue gobernado por liberales a quienes les correspondió afrontar el conflicto con el Perú. El gobierno de Olaya Herrera, denominado “Concentración Nacional”, había reconocido los sindicatos, medida que se adoptó para controlar el descontento social en las ciudades y ganar el apoyo del sector obrero.

En este contexto político y social se presentó el conflicto con el Perú. Por primera vez en muchos años, las armas de la República volvieron a jugar un papel importante. Aunque Colombia había experimentado conflictos fronterizos con Ecuador y Perú al inicio de su vida republicana, estos no se convirtieron en enfrentamientos a gran escala y se resolvieron rápidamente por la vía diplomática. El conflicto con el Perú fue, por el contrario, una guerra real en la cual Colombia enfrentó la inexperiencia del combate terrestre, fluvial y aéreo con la necesidad de maximizar los recursos nacionales para fortalecer el poder militar y defender sus derechos territoriales, pero también significó el reconocimiento de la soberanía sobre el territorio nacional, y dio sentido histórico y justificación militar a la creación de la Fuerza Aérea Colombiana.

El primero de septiembre de 1932, tropas peruanas invadieron territorios fronterizos del sur del país violando la soberanía nacional establecida por el Tratado de Límites y Navegación Salomón-Lozano suscrito entre los dos Estados el 24 de marzo de 1922.

Para la época, la Fuerza Aérea Colombiana contaba con 16 aviones: tres Fledgling J-2 de entrenamiento, ocho Wild X de observación y ataque, cuatro Osprey C-14 de entrenamiento y un Falcon 0-1 de combate que volaban desde la única Base Aérea con que se contaba, la de Madrid, sede de la Escuela Militar de Aviación. Por el contrario, “La aviación peruana estaba mejor dispuesta y contaba con muchos más pilotos y aviones que la colombiana. Poseía Bases Aéreas organizadas en el nororiente de su territorio ubicadas en Puca, Barranca y Pantoja, sobre el río Napo, en Itaya, cerca de Iquitos y en la misma Leticia recién ocupada; disponía de dos escuadrones de entrenamiento, uno de reconocimiento, uno de enlace, uno de transporte, uno aeronaval y seis de combate; éstos formaban entonces la aviación militar enemiga con más de dieciocho tipos de aviones diferentes.”

Mientras se esperaba la llegada al país del material volante que se había adquirido en Estados Unidos y en Alemania, se desplazaron a la zona del conflicto dos Junkers F-13, dos W-34, dos Ju-52, dos Dornier Wal Do-J y un Merkur Do-K, los cuales fueron provistos por SCADTA con sus tripulaciones de pilotos y mecánicos, en su mayoría de origen alemán. Al poco tiempo llegaron otros Junkers incluyendo tres K-43, dos Dornier de Alemania, 30 Hawk II F-11, dos Commodore P2Y-1 y 22 Falcon F-8 de Estados Unidos.

Por otra parte, el gobierno nacional debía asumir el problema de la falta de personal y de Bases estratégicamente ubicadas. Fue necesario crear Bases Auxiliares que sirvieran a estos propósitos, siendo la primera de ellas la de Flandes, seguida por la de Caucayá sobre el río Putumayo, donde estaba concentrado el grueso de las tropas colombianas; otra a orillas del río Igaraparaná, cerca del actual Puerto Arica; otra en el río Caquetá, aguas arriba de la colonización militar de la Tagua y una muy cerca de Curiplaya, denominada por el gobierno nacional como Puerto Boy, en homenaje a su gestor el Coronel Herbert Boy.

Hubo otras de menor importancia estratégica en Potosí a orillas del río Orteguaza y las Bases Anfibias del Atlántico en Cartagena, y del Pacífico cerca de Buenaventura, las cuales fueron desactivadas en 1936 y 1949 respectivamente. Las principales acciones se realizaron entre enero y mayo de 1933 en Puerto Arturo, Tarapacá, Buenos Aires, Güepí, Puerto Calderón y río Algodón. Fue así como el 29 de enero de 1933 en Puerto Arturo, tropas colombianas conquistaron territorios en la margen derecha del río Putumayo, territorio peruano. El 14 de febrero la aviación militar nacional logró recuperar Tarapacá, frontera con Brasil, que días antes había caído bajo dominio de tropas peruanas. También fue recuperado Buenos Aires, margen derecha del río Cotuhé, en operaciones realizadas el 18 de marzo.

Sin embargo, la acción más importante se llevó a cabo en Güepí, guarnición peruana sobre la orilla derecha del río Putumayo, el 26 de marzo de 1933. La Fuerza Aérea hizo presencia en la zona con 11 aviones de ataque, seis Hawk II F-11, tres Wild X y dos Osprey C-14 de caza y bombardeo. “El combate fue muy duro; nuestra aviación por espacio de ocho horas consecutivas estuvo hostigando y ablandando las posiciones enemigas, para que las fuerzas terrestres y fluviales pudieran cruzar el río y ocuparlas. Al final de la tarde, el ejército peruano se tuvo que retirar dejando abandonados tras de sí prisioneros, heridos, muertos, armas y municiones, material de guerra y varios aviones de guerra, que ya habían sido inutilizados.”

El 16 de abril del mismo año, se registró otro enfrentamiento en la margen izquierda del río Putumayo, en Puerto Calderón. El último enfrentamiento tuvo como escenario el río Algodón, lugar en el cual fue derribado y capturado un avión de combate peruano, un Douglas 0-38. El avión fue trasladado a Puerto Boy en enero de 1934 y devuelto al gobierno peruano a mediados de ese mismo año.

Una vez resuelto el conflicto con el Perú, cuyas acciones militares se suspendieron el 25 de mayo de 1933, la aviación nacional poseía 42 pilotos, 35 mecánicos, 60 modernos aviones, además de la Base Aérea de Palanquero en Puerto Salgar, Cundinamarca; las Bases Auxiliares de Tres Esquinas, Puerto Boy, Caucayá, Flandes, Puerto Arica y Potosí y, en proceso de desarrollo, la Base Aérea de “El Guabito” en Cali, Valle del Cauca, a donde en septiembre sería trasladada la Escuela Militar de Aviación, desde Madrid, cundinamarca. Las Bases Auxiliares, que se habían creado durante el conflicto para prestar apoyo a las Fuerzas, se desactivaron y se concentraron en la nueva Base Aérea de Tres Esquinas, Caquetá, actualmente Base Aérea “Ernesto Esguerra Cubides”, sede del Comando Aéreo de Combate No. 6.

Durante los nueve meses del enfrentamiento armado, la aviación militar colombiana perdió cuatro pilotos y cuatro mecánicos, tres colombianos y un alemán en cada caso, en accidentes aéreos pero ninguno en combate; y cuatro aviones: un Falcon O-1, un Osprey C-14, un Junkers F-13 y un Hawk II F-11.

Los exitosos resultados forjaron el futuro de la Fuerza Aérea Colombiana, demostrando de inmediato y para siempre la necesidad de mantener activa la aviación militar como un estamento armado fundamental para la defensa del país, pues su participación en el conflicto fue decisiva para la victoria. De esta manera, no sólo se consiguió alcanzar un notable desarrollo aeronáutico en los campos logístico, técnico y operacional, que ubicó a la Fuerza Aérea en una posición privilegiada en Latinoamérica a mediados del siglo XX, sino que también fortaleció las Bases Aéreas, promoviendo la creación de otras Unidades de vital importancia para la conducción de operaciones militares.

Sección Patrimonio Histórico y Cultural