En San Pelayo, Córdoba, mientras para muchos la música de viento y las tradiciones de este municipio, ubicado a solo 32 kilómetros de Montería, marcaban el ritmo del día a día, para el Alférez Carlos Mendoza el verdadero espectáculo ocurría a cientos de pies de altura, pues de pequeño levantaba la mirada y veía a lo lejos los aviones que cruzaban el firmamento cordobés; aquellas aeronaves eran el motivo de sus juegos de infancia y el reflejo de una ilusión en la que él y sus amigos se convertían en los más grandes aviadores del país.

