A sus cuatro años, Juan Felipe García Rojas convirtió los helicópteros en su mayor pasión. Cada vez que veía uno, levantaba su pequeña mano para saludarlo. Un día, mientras visitaba a una familiar que vive cerca del aeropuerto de Cúcuta, observó de cerca una aeronave y le pidió a su papá, Diosemel García Blanco, que lo llevara a volar. Ante la imposibilidad de hacerlo realidad en ese momento, su padre le hizo una promesa: construiría un helicóptero para él.

